Cuando alguien enciende una laptop por primera vez

Es bien sabido que México tiene un porcentaje de penetración de Internet bastante bajo (menos del 30%). Muchos estamos apostando a que este numero va a crecer bastante en los próximos cinco años. Dejando de lado el asunto de la infraestructura ¿qué tendría que pasar para que esa gente que tendrá acceso a Internet pueda usarla y sacarle provecho? ¿Cómo va a empezar a usar aunque sea lo mas elemental? ¿Cómo y dónde va a aprender? ¿Quién le va a enseñar?

Hace tiempo obtuvimos un vislumbre de las respuestas.

Durante algún tiempo hemos participado en un curso de uso básico de Internet. Es algo que nos encanta hacer, sobre todo porque los que realmente aprenden somos nosotros. El tener que organizar y explicar aquellas cosas que a estas alturas son evidentes u obvias en su uso diario pone a prueba el verdadero entendimiento que tenemos de ellas. Sin embargo tras un par de meses de clases es relativamente fácil usar todo lo aprendido y lograr que las cosas nuevas sean asimiladas rápidamente. Sin embargo hace unas semanas nos llegó todo un reto.

Quizá, de hecho, EL reto. Esta es la historia:


Al terminar la clase de la semana antepasada, quien organiza el curso preguntó si se podía modificar el horario un poco para poder dedicarle algo de tiempo a una nueva alumna. Le dijimos que el curso ya estaba bastante avanzado y que no era muy factible integrar a alguien en esos momentos, sobre todo si era necesario regresar a los primeros temas. Su respuesta fué que era un caso especial.

Esta persona jamás había encendido siquiera una computadora en su vida.

De hecho iba a comprar una laptop nada mas para poder participar en la clase.

Poco a poco fué dando los detalles: era una mujer de 45+ años de edad, que no había acabado la primaria, con un negocio propio, casada y con hijos. Que había escuchado muchas cosas acerca de Internet en la TV y el radio y al oir del curso sin dudarlo quiso integrarse. Dijo que tenía muchas ganas de aprender.

Quería aprender.

Nuestra primera reacción, misma que no fue expresada en voz alta, fué: “Olvidalo. No hay manera de hacer esto. ¿Cómo vamos a poder trabajar con alguien asi?“. Pero nada puede sacudir mas que el hecho de que alguien quiera aprender algo nuevo y podamos ayudarle a saber lo que necesita. A final de cuentas explicar cosas es lo que hacemos, lo que hemos hecho siempre.

El curso se cambió de horario para poder darnos tiempo de empezar a trabajar al menos una hora en lo que el resto de los participantes llegaban.

Y llegó el sábado. Nos saludamos, nos sentamos y puso frente a ella una flamante laptop aún con protecciones en el monitor.

Tomó una semana en descubrir como ibamos a empezar a explicarle todo. Esto fué lo que se nos ocurrió:

-”¿Tu ves la tele?”
-”Si”.
-”¿Oyes el radio?”
-”Si”.
-”¿Lees el periódico?”
-”De vez en cuando”
-”¿Lees revistas?”
-”Algunas”
-”¿Ves peliculas en el DVD?”
-”Si”
-”¿Escuchas música’?”
-”Si”
-”¿Usas una máquina de escribir?”
-”No mucho”
-”¿Hablas por teléfono?”
-”Si”
-”¿Ves fotos?”
-”Si”
-”Bueno, pues esa maquinita que tienes enfrente de ti hace todas esas cosas y mucho mas”

No puedo describirles su cara en ese momento. En ese instante entendió de qué se trataba este asunto.

La clase avanzó y tras explicarle como moverse y hacer las cosas en esa nueva computadora, el primer acto que le pedí que hiciera en Internet fué irse a YouTube y buscar su canción favorita. Con titubeos escribió la dirección y puso en la barra de búsquedas “Bésame mucho”.

Cuando el video empezó a correr, volteamos a verla y sólo le dijimos:

“Bienvenida a Internet“. Ella sonrió.

Internet ya tiene un habitante mas.

Es solo el primer paso pero ya sucedió. Como ella hay millones de personas. Muchas de ellas quieren aprender.

Queda mucho por hacer, pero créanme que vale la pena.

Sigamos aprendiendo. Y enseñando.